La mejor forma de educar a los niños es a través de la disciplina positiva

La mejor forma de criar a los niños es a través del amor y el cariño, el respeto y la disciplina, dejando a un lado la violencia y el miedo.

La realidad es cuando se habla de la crianza de los hijos existen muchas corrientes psicológicas que nos pueden ayudar, como en este caso es la disciplina positiva, una herramienta educativa, que ha brindado muchos resultados positivos.

La intención de la disciplina positiva está basada en el amor, empatía y entendimiento de las relaciones familiares, a fin de conducir a los niños a través de la firmeza y la disciplina, pero de una manera positiva. Es enseñar, ejercer el control sin caer en presiones o métodos excesivos o exagerados.

La idea es establecer el respeto mutuo, a fin de que aprendan también a respetarse a sí mismos para poder respetar a los demás.

Con esta herramienta educativa debemos enseñarles a los niños a aprender de los errores; debemos aprender a identificar las fallas para empezar a trabajar en ello no sólo corrigiendo el comportamiento. En los errores que se comenten es un buen momento para enseñar y educar.

Debemos tener claro que la disciplina debe enfocarse en brindar soluciones, no debe ser permisiva o sólo para colocar castigos, ya que se pueden desarrollar problemas emocionales en el momento de la adolescencia.

Es vital desarrollar la comunicación efectiva, ya que es el canal para conectarse con los pequeños, y se convierte en la forma de resolver los problemas que se puedan presentar. La comunicación y el dialogo debe ser la herramienta para alcanzar las soluciones individuales o grupales.

La disciplina positiva se enfoca en criar a los hijos sanos, por ello, también es importante reconocer su esfuerzo, enseñándoles que de todas las circunstancias existe algo positivo. Es importante alentarlos y no alabarlos en un sentido exagerado, invitándolos a descubrir sus capacidades, recordando siempre que los límites son necesarios para la educación y una futura y feliz independencia.

Esther R.

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